miércoles, 3 de diciembre de 2008

La Guardia Pretoriana

Quien haya pasado por Madrid de visita probablemente habrá acudido al Palacio Real, nuestro "Palacio de Oriente". Su imponente mole barroca, cuajada de columnas dóricas y estatuas de reyes ancestrales, esconde tesoros que te dejan con la boca abierta: frescos, tapices, estatuas, vajillas o sus famosas colecciones de maquetas o de relojes, además de su armería, donde se guardan increíbles colecciones que datan de hace más de cinco siglos. Es verdaderamente un privilegio poder contemplar todas esas maravillas de otros tiempos y un orgullo que todo ello pertenezca a todos los españoles.
Sin embargo, cuando uno visita el Palacio de Oriente, ve también una extraña y bellísima ceremonia protagonizada por unos soldados vestidos con extraños ropajes de otros tiempos que ejecutan maniobras anacrónicas al compás de la música de su banda.
Es el cambio de guardia de la Guardia Real Española... poco que ver con lo que se supone que es la guerra moderna. Es difícil imaginar que detrás de esos bonitos uniformes azules, los quepis rígidos o los correajes de brillante cuero se encuentran hombres que forman parte de una de las unidades de elite del Ejército Español, profesionales capaces de desfilar a paso de marcha del siglo XVIII o de asaltar una nave en medio del mar. Pero lo que muy poca gente conoce es que esos hombres, y todos los que forman parte de las guardias reales de todo el mundo, son los herederos de una tradición que se remonta en más de dos mil años y cuyos ecos más antiguos nos llegaron precisamente de tierras españolas...
La Guardia Pretoriana es sinónimo de muchas ideas, la mayoría de ellas con poco o ningún fundamento histórico. A través de los siglos nos ha llegado el nítido eco de un cuerpo militar de elite destinado a proteger a los emperadores romanos, un cuerpo que alcanzó en ciertas ocasiones tanto poder que fue decisivo en el alzamiento o la caída de emperadores y que tomó la costumbre de utilizar un equipo de gala anacrónico, con uniformes que eran vestigio de otros tiempos, tal y como hacen hoy en día todas las guardias reales del mundo.La Guardia fue un cuerpo militar de elite destinado a la protección de la Familia Imperial que cuando entró en combate demostró una disciplina y capacidad militar admirables.
El término Guardia Pretoriana significa "guardia del Pretorio", el pretorio era el lugar del campamento romano en el que se alzaba la tienda del comandante en jefe, de ahí su nombre. Durante la República, la escolta de los mandos del ejército estaba a cargo de los extraordinarii, una unidad especial seleccionada de entre las unidades de las legiones.
Julio César utilizó una unidad de españoles vinculados a el por la fides, el famoso juramento hispano. Precisamente fue la disolución de esta unidad lo que motivó que los canallas decidieran asesinarle cobardemente el 15 de marzo de 44 aC.
En el año 23 dC, con Tiberio como emperador, se inauguró el campamento permanente de la Guardia Pretoriana, el Castra Praetoria, situado en las afueras de Roma, en la colina del Viminal. Los impresionantes muros de este campamento aún pueden verse en Roma, en concreto los lienzos de las partes norte, este y sur, que acabaron formando parte de las murallas de Aureliano siglos más tarde. El campamento de la Guardia ocupaba unas 17 hectáreas de superficie, aproximadamente dos tercios de la superficie de un campamento para una legión. Según este esquema tendría capacidad para unos 4.000 hombres, aunque los benditos arqueólogos han descubierto estructuras posteriores, ampliaciones de los barracones de dos pisos y alojamientos dentro de las propias murallas, por lo que no es descabellada la cifra de hasta 12.000 hombres en momentos de apuro. Las murallas originales de esta primera época eran de hormigón revestido de ladrillo y su altura era de unos 3,5 metros.

Se considera a Tiberio como un segundo fundador de la Guardia Pretoriana, por la construcción del campamento y la decisión de reunir en él a todos los guardias. Por ello, la Guardia Pretoriana utilizó a partir de entonces como símbolo distintivo el escorpión, que era el signo zodiacal de Tiberio.
Tras la guerra civil de 69 dC Vespasiano reparó las murallas que quedaron tal cual hasta que a principios del siglo III se aumentó la altura. En el año 271 dC Aureliano rodeó Roma con sus impresionantes murallas de ladrillo que aún pueden contemplarse, englobando el campamento de la Guardia en el perímetro defensivo, lo que obligó a aumentar la altura de sus muros y torres para igualarlos con los de la muralla. En 312 dC Constantino venció a Majencio en la batalla de Puente Milvio y tras la victoria la Guardia desapareció, con lo que el lado del campamento que no formaba parte de las murallas de Roma fue desmantelado.
A partir de ese momento la Guardia Pretoriana desapareció de la Historia como unidad homogénea e histórica y cada emperador creó su propio cuerpo de guardia personal, pero su leyenda, una leyenda con más de trescientos años de existencia, permaneció viva hasta nuestros días.
Sabemos que Augusto organizó nueve cohortes, unos 4.000 hombres, posteriormente aumentó el número a doce y el los últimos años de su vida designó tres de estas cohortes como cohortes urbanas destinadas a servicio de policía y protección civil de Roma (los famosos Vigiles), con lo que el número de cohortes pretorianas volvió a ser de nueve. Tácito menciona nueve cohortes cuando habla de la inauguración del castra praetoria el año 23, bajo el mando del prefecto Sejano. Durante el reinado de Calígula (37-41 dC) el número volvió a aumentarse a doce cohortes. En el año 69 dC Vitelio disolvió las unidades y formó dieciséis cohortes con hombres de su confianza y Vespasiano volvió a reducirlas a nueve, número que parece mágico en este caso, como podemos ver. El psicópata Domiciano (81-96 dC) aumentó en una cohorte el número que pasó a ser de diez y con diez cohortes permaneció la Guardia hasta que Constantino la disolvió.Cada cohorte debía tener unos 480 hombres divididos en diez centurias, exactamente igual que en una legión, por lo que las cifras en cada época son de unos 4.500 hombres con Augusto, unos 8.000 con Vitelio, unos 5.000 con Vespasiano y probablemente unos 10.000 en adelante
Puesto que la Guardia era una unidad militar, su organización era la misma que la de una legión, ya que también podía entrar en combate y debía acoplarse perfectamente al esquema militar romano.La caballería de la Guardia Pretoriana, en los escudos y en el vexillum o estandarte que porta el jinete de la izquierda se observa el símbolo de la Guardia: el escorpión.Suetonio nos habla de un distintivo especial, la caliga speculatoria, pero desconocemos su forma, probablemente sería una sandalia normal con algún adorno. Lo que sí sabemos es que formaban una unidad especial dentro de la Guardia, con sus propios instructores. Esta unidad estaba al mando de un centurio speculatorum.
Augusto, como ya se ha comentado, fijó el servicio en dieciséis años en lugar de los veinte de las legiones. Con lo que si un legionario conseguía el traslado a la Guardia y contaba con diez años de servicio en la legión sólo tenía que servir otros seis para ser licenciado. Tiberio instituyó una mala costumbre: las gratificaciones. En el año 31 dC se descubrió y abortó un complot del prefecto de la Guardia Sejano y Tiberio, agradecido por la fidelidad de sus hombres, les regaló 1.000 denarios a cada guardia. Tras el asesinato de Calígula, la Guardia obligó al Senado a reconocer a Claudio emperador y éste les recompensó con un extra equivalente a cinco años de paga. Esta costumbre de hacer un "regalito" a los bravos muchachos se convirtió en una tradición, con lo que no es extraño que por cada puesto en la Guardia hubiera miles de candidatos.
Generalmente los pretorianos llegaban a la Guardia desde el servicio en las legiones. Tenían que estar muy recomendados, pasar unos exámenes, reconocimientos y pruebas físicas exhaustivas y servir como aspirante o probatus un tiempo antes de ser destinado como miles gregarius al servicio en una de las cohortes. Tras años de servicio podía convertirse en inmunis, o guardia especializado en tareas de oficina o técnicas, de allí ascendía a principalis, con salario doble, tesserarius o custodio del santo y seña, optio o segundo jefe de centuria o signifer, es decir, portaestandarte. cada uno de estos ascensos significaban incremento de sueldo y privilegios añadidos. Si eran realmente buenos se convertían en centuriones, el sueño de todo guardia. Los tribunos pretorianos alcanzaban su rango desde abajo, pasando antes por todos los escalafones. Primero debía convertirse en centurión de la Guardia, después de un tiempo de servicio podía solicitar el traslado al ejército y servir en las legiones hasta alcanzar el rango de centurión primus pilus, tras ello volvía a Roma donde era nombrado tribuno de una cohorte urbana, los Vigiles, y finalmente podía ser tribuno de la Guardia ya como miembro del orden ecuestre, como caballero romano. Como se ve, el sistema estaba concebido para atraer a los mejores, a los más experimentados. Como el tribunado sólo duraba un año, una vez finalizado podía optar por retirarse o por continuar su carrera militar en las legiones ya como oficial superior.

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